
24.04.07
Comienza a pesar la mochila. No sabe si vaciarla del todo, o rellenar el poco hueco que todavia queda. Pero, una u otra opción, ¿mereceran la pena? No le quedan fuerzas ni ganas. Parece ser, que ya ha dado muchas oportunidades a su mochila particular, pero ésta continúa agarrada a su espalda y sin querer el daño se ha convertido en algo físico y todo.
Y de nuevo otro detalle de su vida se cuela en uno de sus bolsillos. No importa que la cremallera y los botones esten rotos y con un centenar de zurcidos.Continuan colandose sin desearlo, sin mostrar a penas rechazo por ello.
La costumbre y la rutina hacen de esa mochila se difumine por sus
costados hasta formar parte de su cuerpo.
Un grito lo solucionaría todo. Y la mochila se convertiría en polvo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario